Hay años que pasan
sin penas ni glorias.
Hay años que pasan
sin penas.
Y otros,
sin glorias.
Precisamente, en ellos
aprendemos.
No porque sólo el dolor
es el Maestro.
Sino porque -el muy sabio- nos obliga
a fijar la mirada
a recibir la estocada.
En estos años
vuelan las hojas
del manual de la vida.
Las viejas respuestas
se nos ríen en la cara.
Las esquinas doblan
antes que lleguemos
y la tierra se abre
debajo de la cama.
Preguntamos ¿por qué?
y nos dicen la hora.
Intentamos huir
y nos cortan las alas.
Justo en esos años
que nos mantienen en vilo,
que nos rasgan el alma,
sin advertirlo, siquiera,
CRECEMOS
como pájaros
o montañas
(Gracias Andrea Testa)
No hay comentarios:
Publicar un comentario