Duendes escarlata

No se anuncian, pero sientes

cuando llegan a tu puerta;

los besos son esos duendes

arropados de escarlata

que entre los labios se duermen

y que cuando se despiertan, se empeñan

en retozar junto a otros duendes.

Son gregarios o ermitaños,

son mieles que se derrochan,

se hurtan, dan o reciben,

los besos son tan secretos

que a veces, de tan avaros,

se esconden en el recuerdo

y por no haber sido, duelen.

¡ Cuántas veces se han quedado

sin saber donde asentarse!

Sobre una palma cerrada,

sobre los párpados tristes,

sobre otros duendes dormidos

que nunca se dieron cuenta

que aquellos duendes venían.

Son alas de mariposa rozando

el aire y la niebla, son caricias de una nube

son reflejos, son un sueño,

tan cercanos, tan lejanos,

que dejan huellas perennes

en los labios que han tocado,

en un recuerdo que insiste

en regresar del olvido

y sonrojar las mejillas

y retroceder el tiempo.

Los besos son esos duendes

que entre los labios se duermen,

traviesos, oportunistas,

que se hurtan o se quieren,

y cuando se encuentran solos

van a buscar otros duendes,

escarlatas, accesibles,

se dan, se guardan, se piden o se reciben

y no se anuncian aunque sientas

cuando llegan a tu puerta.

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