Cuando veo ante mí sólo segundos,
instantes que mirar hechos sustancia,
las consideraciones sobre el hoy,
sobre rostros que van de un lado a otro
y fingen construirnos la existencia,
penetran con más fuerza en mi silencio
que el hambre de extraviarme diariamente.
Te miro y es verdad que el mediodía
se vence al soportar tus pasos de antes;
no obstante el brillo terco de las flores,
un día su color ya no es el mismo.
Tus nervios aún cuelgan de esa rama
donde además de beso fuiste impulso.
La fruta aún respira con sus ansias.
Hay patios cuyas flores van muriendo,
sin embargo son parte del paisaje.
Hay ojos que las siguen viendo bellas.
Cuando voy a tu lado, hay más segundos,
sin importar relojes, algo muere
y algo nace también a cada paso.
En este mismo instante en que te miro,
¿qué duerme en esos pétalos inmóviles?
No hay instante más propio para el beso
que el rato simplemente irrepetible.
Lo demás es el polvo que vacila.
Las horas han venido a sepultarnos
cada vez que las vemos en su curso
y no hacemos del hoy una existencia.
Cuando veo ante mí ramas caídas,
me pongo a respirar por no ser una,
al menos no ser una antes de tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario